Archivo

Archive for the ‘nobel’ Category

La mujer de la arena, de Kôbô Abe

Kenzaburo Ôe diría alguna vez que Kôbô Abe era merecedor del Premio Nobel que a él le habían entregado. Mejores palabras que esas son difíciles de encontrar de un escritor a otro (más, como el caso de estos dos, siendo buenos amigos). Hay mucho de cierto en las palabras de Ôe: Abe es un escritor con una narrativa distinguida por lo inusual y único de sus formas. Pero, debo decirlo, en sus formas no termina la grandeza de este autor, porque en La mujer de la arena (Suna no onna) la originalidad de la historia es fundamental para que el lector se enfrente a esta.

La obra de Kôbô Abe es una experiencia única que fundamenta su originalidad en una historia única: Un entomólogo (Niki Jumpei) sigue un insecto en una playa perdida y se va metiendo en un poblado muy pequeño, perdido entre las dunas, donde no hay hoteles (de acuerdo con lo que le informan los ancianos locales), por lo tanto pasará la noche con una viuda. En su estadía se ve obligado a colaborar con los quehaceres de la casa (a la que solo se puede acceder por sogas) intentando que la arena no destruya la vivienda ni entre a esta (tarea imposible), quedando así esclavizado en esa vida por la complicidad del poblado. 

La opresión y la mixtura de sentimientos son una marca profunda en esta obra. Así el lector se siente tan oprimido como Jumpei y se suma a las constantes opciones de escape, siendo otra pieza en el desarrollo de la novela, buscando una perspectiva para entender a todos los personajes y a la misma aldea donde se dan las cosas con una naturalidad que no hace más que despertar sospechas y misterios alrededor de cada costumbre que tienen. A esto se suma la mixtura de sentimientos que, indirectamente, también involucran al lector a sentir con Jumpei desconciertos intensos, un extraño cariño (que roza a la rutina y la costumbre) por la viuda, la repulsión por los ancianos del pueblo que parecen ser los titiriteros de toda la aldea, la depresión, la ira que generan los lugareños que trabajan sin terminar de entender (o explicar) por qué lo hacen.  

Kôbô Abe no ignora al lector, sino que lo busca. Busca su respuesta, su reacción y que se involucre con lo que sucede. Esta obra no terminó en un libro, porque le dio a Abe la llave para otro mundo que su narrativa estaba buscando: el cine. La película Suna no onna fue dirigida por Hiroshi Teshigahara, quien dio a Kôbô Abe un rol fundamental para el desarrollo del guión. Así, Abe encontraría una ventana para su desarrollo que no dejaría de explotar, formando luego una compañía de teatro y dando clases para actores también.

La mujer de la arena además de ser una viuda parece ser una mujer que se dio por vencida con una vida ideal, con la idea misma de vivir en mayor libertad y así Jumpei alterna entre el cariño, el odio y la lástima que la viuda de genera. Pero no es por nada que la obra lleva ese título, la mujer de la arena será la representante fiel de todo aquello que será (con el paso del tiempo, según lo planeado por los ancianos) el futuro de Niki Jumpei.

Mishima, sangre y literatura.

El hombre puede presentarse de distintas maneras ante la sociedad, del mismo modo como el artísta puede presentarse ante el arte de distintas maneras. Y si hablamos de maneras, hablamos de Yukio Mishima, un hombre que ha buscado perpetrar sus ideales por cualquier medio posible. Desde una historia personal que impacta a cualquiera a una obra tan vasta como atrapante.

Leyendo distintos libros de Mishima, uno se encuentra con una voz narrativa que pasea al lector con una suavidad entre cotidiana y maternal, donde el paisaje se pinta en su forma más natural y los personajes se muestran en sus formas más salvajes. Al mismo tiempo, este artísta nos muerta una forma de vida que combina la tradición con el honor, dos elementos fundamentales en la cultura japonesa.

Así, a través de sus palabras entrega máximas y consejos donde nos permite cotejar dos formas de hacer arte: La forma “Casanova” donde el artísta abre las puertas de su obra a partir de sus experiencias de vida y con sus objetivos cercandos cumpleidos; y la forma “Stendhal“, donde el artísta no ha vivido tal cual esperaba y por medio de frustraciones y factores externos puede comprender la literatura desde un punto de vista un tanto más extraordinario, ya que su alcance se aleja de la experiencia.

Mishima vivió en base a sus principios artísticos y filosóficos. En este caso, me ha dejado la mente circundado miles de cuestiones la obra “El marinero rechazado por el mar” donde el narrador varía entre un niño con pretensiones de ser la perfección, un marinero buscando dejar una marca en la historia y una mujer, buscando sus sueños de familia perdidos cuando enviudó. Las tres voces narrativas llevan al lector en un paseo que eriza los pelos en la oscuridad de la mente humana, la inocencia de todo aquello que no se deja proteger por la mano ajena y la humanidad que embiste a todos los personajes en formas distintas. 

Mishima murió y creó en base a sus principios, su seppuku y su filosofía de constante autosuperación, sus obras y la crudeza de los personajes, junto con la suavidad deslizante de un narrador único. Todo Mishima es un conjunto de filosofía y suavidad que se mezclan en un discurso filosófico continuo que se puede evidenciar en el manifiesto “17 lecciones para jóvenes samurai” y en una obra de ficción que se presenta con cada palabra escrita, cada sentencia dada por este magnífico autor.