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CIERRE

Culturero ha sido una experiencia útil y de crecimiento. Actualmente, los tiempos no ayudan para poder concentrar mis intereses con el espacio de culturero. La sincronización no se da y, por y para eso, he decidido darle fin a culturero y abrir un espacio nuevo.

Esto no es propaganda ni nada parecido, Culturero cierra un ciclo muy grande y ahora se abre otro.

Japón / Jiku será ahora mi espacio, mezclado con participaciones en otros blog de más grandes proporciones en los que me han invitado.

A la gente que ha visitado este blog y que siempre tuvo buena onda: Gracias. A los silenciosos: Gracias (en voz baja). Espero que sigamos en contacto.

Los sigo viendo en Japón/Jiku

Categorías:General

La muralla individual y El llanto de César Aira

Desde hace unos meses estoy encarando un trabajo de investigación en el área de literatura argentina y, si bien todavía está en proceso, algunas lecturas que no entraron en el trabajo valen la pena ser revisadas y re-pensadas. Uno de los libros que encontré en el camino fue El llanto de César Aira. Este escritor es uno de esos casos donde su reputación lo precede a donde vaya y, sobre todo, los prejuicios. Aira es bastante prejuzgado por ser un escritor prolífico como pocos (del estilode Stephen King) y por negarse a formar parte de lo que podríamos denominar como “el circulo literario argentino“, ya que no acostumbra dar entrevistas ni escribir para medios culturales nacionales. Por estas razones, cuando se empieza una conversación sobre Aira la habitación se llena de palabras no dichas, pensadas, escuchadas y leídas sobre él.

El llanto es una obra particular, es una de las pocas, dentro de la bibliografía de Aira, donde el narrador es un escritor. Este comentario puede parecer un tanto arbitrario de mi parte, pero este atiende a una costumbre que se ha dado entre los escritores de distintos puntos cardinales en centrar la ficción en el escritor como personaje y como narrador (involucrado y omnisciente). La historia parece ser bastante sencilla, pero no lo es: un escritor, de una fama modesta, descubre que su esposa esta involucrada en un asesinato. Poco tiempo después de presenciar el ataque, la mujer le pide el divorcio y le confiesa que esta embarazada de su amante.

Como expresa el narrador en las primeras líneas, cuando comienza a contar la historia él ya esta viviendo “la certeza atroz de que sucedió lo que más temía” y eso genera su llanto. Se puede hablar del llanto como un hecho puramente sensitivo o una reacción a cuestiones que pueden perturbar lo más profundo del ser humano, pero no es el caso de Aira. Aira usa el llanto como una barrera que va encerrando página a página al personaje central, llevandolo a la soledad más profunda y un vacío indescriptible.

No considero necesario contar cómo continua la historia ni el por qué de la perpetración del llanto como simbolismo en toda la obra. Lo cierto es que el llanto termina siendo una muralla que envuelve al personaje en sí mismo y termina llevando la historia a un final inesperado e indescriptible (por lo menos en un espacio como este, con pocas palabras). Vale hacer una mención a la expresión de la realidad argentina que hace Aira, obviando cuestiones cotidianas y centrando su interés en cuestiones menos usuales para el ciudadano común. La obra es altamente valorable por su caracter sincero, con situaciones insospechadas narradas a la perfección y la sensibilidad expuesta ante un personaje que jamás vivió sus sentimientos en forma completa.

La mujer de la arena, de Kôbô Abe

Kenzaburo Ôe diría alguna vez que Kôbô Abe era merecedor del Premio Nobel que a él le habían entregado. Mejores palabras que esas son difíciles de encontrar de un escritor a otro (más, como el caso de estos dos, siendo buenos amigos). Hay mucho de cierto en las palabras de Ôe: Abe es un escritor con una narrativa distinguida por lo inusual y único de sus formas. Pero, debo decirlo, en sus formas no termina la grandeza de este autor, porque en La mujer de la arena (Suna no onna) la originalidad de la historia es fundamental para que el lector se enfrente a esta.

La obra de Kôbô Abe es una experiencia única que fundamenta su originalidad en una historia única: Un entomólogo (Niki Jumpei) sigue un insecto en una playa perdida y se va metiendo en un poblado muy pequeño, perdido entre las dunas, donde no hay hoteles (de acuerdo con lo que le informan los ancianos locales), por lo tanto pasará la noche con una viuda. En su estadía se ve obligado a colaborar con los quehaceres de la casa (a la que solo se puede acceder por sogas) intentando que la arena no destruya la vivienda ni entre a esta (tarea imposible), quedando así esclavizado en esa vida por la complicidad del poblado. 

La opresión y la mixtura de sentimientos son una marca profunda en esta obra. Así el lector se siente tan oprimido como Jumpei y se suma a las constantes opciones de escape, siendo otra pieza en el desarrollo de la novela, buscando una perspectiva para entender a todos los personajes y a la misma aldea donde se dan las cosas con una naturalidad que no hace más que despertar sospechas y misterios alrededor de cada costumbre que tienen. A esto se suma la mixtura de sentimientos que, indirectamente, también involucran al lector a sentir con Jumpei desconciertos intensos, un extraño cariño (que roza a la rutina y la costumbre) por la viuda, la repulsión por los ancianos del pueblo que parecen ser los titiriteros de toda la aldea, la depresión, la ira que generan los lugareños que trabajan sin terminar de entender (o explicar) por qué lo hacen.  

Kôbô Abe no ignora al lector, sino que lo busca. Busca su respuesta, su reacción y que se involucre con lo que sucede. Esta obra no terminó en un libro, porque le dio a Abe la llave para otro mundo que su narrativa estaba buscando: el cine. La película Suna no onna fue dirigida por Hiroshi Teshigahara, quien dio a Kôbô Abe un rol fundamental para el desarrollo del guión. Así, Abe encontraría una ventana para su desarrollo que no dejaría de explotar, formando luego una compañía de teatro y dando clases para actores también.

La mujer de la arena además de ser una viuda parece ser una mujer que se dio por vencida con una vida ideal, con la idea misma de vivir en mayor libertad y así Jumpei alterna entre el cariño, el odio y la lástima que la viuda de genera. Pero no es por nada que la obra lleva ese título, la mujer de la arena será la representante fiel de todo aquello que será (con el paso del tiempo, según lo planeado por los ancianos) el futuro de Niki Jumpei.

Mishima, sangre y literatura.

El hombre puede presentarse de distintas maneras ante la sociedad, del mismo modo como el artísta puede presentarse ante el arte de distintas maneras. Y si hablamos de maneras, hablamos de Yukio Mishima, un hombre que ha buscado perpetrar sus ideales por cualquier medio posible. Desde una historia personal que impacta a cualquiera a una obra tan vasta como atrapante.

Leyendo distintos libros de Mishima, uno se encuentra con una voz narrativa que pasea al lector con una suavidad entre cotidiana y maternal, donde el paisaje se pinta en su forma más natural y los personajes se muestran en sus formas más salvajes. Al mismo tiempo, este artísta nos muerta una forma de vida que combina la tradición con el honor, dos elementos fundamentales en la cultura japonesa.

Así, a través de sus palabras entrega máximas y consejos donde nos permite cotejar dos formas de hacer arte: La forma “Casanova” donde el artísta abre las puertas de su obra a partir de sus experiencias de vida y con sus objetivos cercandos cumpleidos; y la forma “Stendhal“, donde el artísta no ha vivido tal cual esperaba y por medio de frustraciones y factores externos puede comprender la literatura desde un punto de vista un tanto más extraordinario, ya que su alcance se aleja de la experiencia.

Mishima vivió en base a sus principios artísticos y filosóficos. En este caso, me ha dejado la mente circundado miles de cuestiones la obra “El marinero rechazado por el mar” donde el narrador varía entre un niño con pretensiones de ser la perfección, un marinero buscando dejar una marca en la historia y una mujer, buscando sus sueños de familia perdidos cuando enviudó. Las tres voces narrativas llevan al lector en un paseo que eriza los pelos en la oscuridad de la mente humana, la inocencia de todo aquello que no se deja proteger por la mano ajena y la humanidad que embiste a todos los personajes en formas distintas. 

Mishima murió y creó en base a sus principios, su seppuku y su filosofía de constante autosuperación, sus obras y la crudeza de los personajes, junto con la suavidad deslizante de un narrador único. Todo Mishima es un conjunto de filosofía y suavidad que se mezclan en un discurso filosófico continuo que se puede evidenciar en el manifiesto “17 lecciones para jóvenes samurai” y en una obra de ficción que se presenta con cada palabra escrita, cada sentencia dada por este magnífico autor.

La belleza según Manuel Vicent

Al día de ponerme a escribir este post, han pasado muchas noches de que terminé de leer “La novia de Matisse” de Manuel Vicent, una obra con la particular belleza de ser extraña en el tratamiento que hace de la belleza. Vicent, nos ofrece una obra con un fluido movimiento de palabras y un discurso ágil que facilita al lector el paso a paso del paseo entre las hojas.

La literatura tiene la costumbre de buscar respuestas a preguntas cómo la vida, en su principio, su fin y aquello que la rodea. En esta obra, en el ambiente que ella nos muestra, nada rodea a la vida tanto como al arte. Así, a partir de ella se buscan respuestas  a los hechos más simples de la vida, como la misma muerte. Del mismo modo, un tema en la literatura moderna es el rejuvenecimiento a partir del amor. Vicent se anima a desafiar esa idea fundamental, buscando el rejuvenecimiento en el amor al arte, a aquello a lo que sólo grupos privilegiados tienen real acceso y conocimiento del ilimitado mundo en el que la belleza artística sobrepasa al humano como un ser conocido. 

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El arte, los artístas y el azar (representado en un anillo perdido) se atan a la vida de Julia en forma crucial. Así, Julia se siente unida a la vida por un vínculo superior hasta los ahora conocidos y, al mismo tiempo, desarrolla una relación discipulo/maestro con el merchante, que comienza a influenciar su vida, teniendo la capacidad de determinar desde pequeñas cosas (como la ubicación de algún cuadro) hasta el modo en que tienen relaciones sexuales, buscando ejercer cierta influencia en el merchante como oyente.

Quizás las culpas no pasen por Vicent, sino más por la influencia de Matisse en ciertos momentos particulares de la obra, donde el arte lleva a los personajes como un hado que guía al héroe en su epopeya. El arte será un camino que los personajes navegarán sin pensar en dónde los deparará y el lector los seguirá, sólo con el objetivo de conocer si el arte esta tan atada a la vida, como la vida esta atada al arte. Así, el lector se une a la obra sin darse cuenta que se está atando al arte como los personajes de la obra y, así, se mantiene conciente que esta atado a su propia vida.

Kim Ki Duk: “La mirada del silencio”

El cine asiático es oficialmente aquel rincón en el séptimo arte que, en los últimos años, no ha dejado de sorprender en festivales y salas. Todo esto pasa por el trabajo de directores de distinta índole que conciben films de un altísimo nivel conceptual y visual. Entre los distintos estilos de dirección se destaca el del koreano Kim Ki Duk, quien en abril estrenará su nueva película, Soom (Aliento), que le consiguió una nominación a la palma de oro en el último festival de Cannes.

Este hombre, que descubrió el cine a los 30 años y en quince años concibió 16 películas y cada una aportando elementos desde su particular mirada. No es casual que este director se distancie de los otros directores asiáticos: tiene una mínima formación (como guionista, de director no tiene ninguna) y trabaja desde otra perspectiva social koreana. Kim Ki Duk trabaja el cine desde una un estatus social medio-bajo, mostrando un estilo de vida real en paisajes naturales no trabajados en absoluto. Así también es digno de resaltar la metodología de trabajo que tiene: filmaciones en tiempo record, guión casi inexistente y actores no reconocidos (en su última película podemos ver al segundo actor de renombre que incluye en su cast, el taiwanes Chen Chang).

Del mismo modo, este director consigue distanciarse por el género de sus obras. El cine oriental se caracteriza por dos grandes géneros: acción (por ejemplo: Wo hu cang long, conocida acá como El tigre y el Dragon, de Ang Lee); y el terror (como: Honogurai mizu no soko kara, o Dark water de Hideo Nakata). Pero el drama es aquella gema explorada por algunos directores de oriente que utilizan como medio para innovar desde su mirada personal.

En Soom, cuenta la historia de una mujer, casada y con una hija, que en la impotencia de la infidelidad de su marido comienza a visitar a un preso condenado a muerte, con dos intentos de suicidio en su haber. Está historia, más cercana a lo que en realidad es una ama de casa desesperada (y no la satírica Desperate Housewives), muestra las variantes que el amor entrega para redescubrir lo que el mundo tiene para ofrecer. Aquí, aquello que crea variantes es la experimentación a partir del amor como objeto: así se vuelve objetivo demostrar que la vida es grata y la muerte está sobreestimada a través de distintos métodos poco ortodoxos, pero de características significativas.

Si esta película fuera americana la esposa sería Julia Roberts y, más que seguro, sería la reivindicación del amor en su enésima versión. En este caso el espectador se introduce en el dolor que genera la curiosidad y la ansiedad ante la muerte cercana; y cómo el amor busca subsanar las diferencias entre la libertad y la opresión. Como constante fundamental el silencio reina y crea el clima para percibir los amores que se complementan en un mundo donde perder aquello que se tiene es clave fundamental en cada episodio.

Pero el director no se queda con el silencio como único interventor para crear un clima e introduce distintas canciones que demuestran, por medio de las distancias entre la libertad y la prisión, que el sentimiento va más allá de cuatro paredes y una historia personal que permanece en la incógnita. El tiempo se ejecuta como aquello irremediable que, eventualmente, caerá sobre todos y destrozará lo construido o levantará aquello olvidado.

Soom, como dije antes: Aliento, se puede resumir en eso mismo. El intento de una mujer de dar aliento a una causa perdida (su matrimonio o un condenado a muerte, depende de donde se elija mirarlo), pero ese aliento no es el aliento de hinchada, es el aliento que sale de la boca y calienta por un momento. El aliento que recuerda lo que es el calor y el contacto, la necesidad de esas sensaciones.

Kim Ki Duk brinda con su mirada una nueva perspectiva sobre la vida de un matrimonio golpeado, sobre la necesidad de atención y la constancia como elemento que alterna entre el presente, el pasado y el futuro. Cada episodio temporal será un puente entre el amor y la muerte.

Nota editada en la revista Megafón nº 3, de mayo de 2008

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Persépolis: El crecimiento enredado en la política

La obra de Marjane Satrapi publicada entre el 2000-2003, en este trabajo (ya sea que estemos leyendo el comic o mirando la película) es increible la fusión de una historia social y política de una nación y el crecimiento de una niña que no es otra más que la autora.

A los ojos de largas filas de generaciones se ha pasado la influencia de la política en la vida, se han cayado comentarios e ideologías con el único fin de no disctutir (dejando de lado la opresión y el fascismo). Cada vez que se habla de política internacional terminamos viendo los mismo tópicos: Guerra Mundial (primera o segunda), Guerra en Irak, la Guerra del Golfo o Pearl Harbor. Serán los estandares estadounidenses los que nos impongan las temáticas históricas que traten las películas de grandes estudios o las historietas de mayor alcance y nos dejen el rincón alternativo a las luchas que ellos ven como insignificantes cuando en realidad son las que dañan su ideal perfecto trazado bajo la línea de “el sueño americano” (que no incluye a toda amércia, por supuesto).

Marjane Satrapi desafió aquel standard imponiendo una historia particular, tan suya como del pueblo entero de Iran y eso nos deja a nosotros el fiel reflejo del crecimiento de un alma en plena revolución social. Aquí, en Argentina, podemos hablar durante días sobre aquellos que crecieron en épocas de conflicto social, pero la realidad es que nuestro país no pudo superar las diferencias ideologicas y desarmó, mató y desapareció familias enteras donde encontraríamos este tipo de debate ideológico. En América esta historia se repite.

La magia en la obra de Satrapi pasa por la capacidad de ver a una niña buscar soluciones que no distan de las adultas, en buscar las respuestas adecuadas a cada momento de su vida (porque la niña crece, obviamente)  envuelta en una red social de complejo movimiento. El crecimiento intelectual acompañado de las ideologías de preponderancia politico social suele dar como resultado a aquellos sujetos que en el mañana luchan y concientizan de que las realidades sociales tienen alternativas: un docente, un escritor, un padre, un compañero, etc. Todos aquellos que tienen sus edades atrapadas en la política mañana lucharan por la igualdad y el sentimiento de todo lo que los formó como personas, serán los que hoy nos den las llaves para intentar.

Hoy tenemos a Marjane Satrapi tratando de concientizar que no todo es como parece cuando ponemos CNN y vemos imágenes de Guerras prefabricadas y presidentes electos en elecciones que no eligen. Una historieta publicada en gran cantidad de idiomas (la versión en español es de Norma) y una película de fácil alcance en distintos lugares. Mi recomendación es ver las dos cosas, comparar y analizar que es lo que a uno le queda de una lucha propuesta desde la infancia.