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Archive for 20 octubre 2008

Kim Ki Duk: “La mirada del silencio”

El cine asiático es oficialmente aquel rincón en el séptimo arte que, en los últimos años, no ha dejado de sorprender en festivales y salas. Todo esto pasa por el trabajo de directores de distinta índole que conciben films de un altísimo nivel conceptual y visual. Entre los distintos estilos de dirección se destaca el del koreano Kim Ki Duk, quien en abril estrenará su nueva película, Soom (Aliento), que le consiguió una nominación a la palma de oro en el último festival de Cannes.

Este hombre, que descubrió el cine a los 30 años y en quince años concibió 16 películas y cada una aportando elementos desde su particular mirada. No es casual que este director se distancie de los otros directores asiáticos: tiene una mínima formación (como guionista, de director no tiene ninguna) y trabaja desde otra perspectiva social koreana. Kim Ki Duk trabaja el cine desde una un estatus social medio-bajo, mostrando un estilo de vida real en paisajes naturales no trabajados en absoluto. Así también es digno de resaltar la metodología de trabajo que tiene: filmaciones en tiempo record, guión casi inexistente y actores no reconocidos (en su última película podemos ver al segundo actor de renombre que incluye en su cast, el taiwanes Chen Chang).

Del mismo modo, este director consigue distanciarse por el género de sus obras. El cine oriental se caracteriza por dos grandes géneros: acción (por ejemplo: Wo hu cang long, conocida acá como El tigre y el Dragon, de Ang Lee); y el terror (como: Honogurai mizu no soko kara, o Dark water de Hideo Nakata). Pero el drama es aquella gema explorada por algunos directores de oriente que utilizan como medio para innovar desde su mirada personal.

En Soom, cuenta la historia de una mujer, casada y con una hija, que en la impotencia de la infidelidad de su marido comienza a visitar a un preso condenado a muerte, con dos intentos de suicidio en su haber. Está historia, más cercana a lo que en realidad es una ama de casa desesperada (y no la satírica Desperate Housewives), muestra las variantes que el amor entrega para redescubrir lo que el mundo tiene para ofrecer. Aquí, aquello que crea variantes es la experimentación a partir del amor como objeto: así se vuelve objetivo demostrar que la vida es grata y la muerte está sobreestimada a través de distintos métodos poco ortodoxos, pero de características significativas.

Si esta película fuera americana la esposa sería Julia Roberts y, más que seguro, sería la reivindicación del amor en su enésima versión. En este caso el espectador se introduce en el dolor que genera la curiosidad y la ansiedad ante la muerte cercana; y cómo el amor busca subsanar las diferencias entre la libertad y la opresión. Como constante fundamental el silencio reina y crea el clima para percibir los amores que se complementan en un mundo donde perder aquello que se tiene es clave fundamental en cada episodio.

Pero el director no se queda con el silencio como único interventor para crear un clima e introduce distintas canciones que demuestran, por medio de las distancias entre la libertad y la prisión, que el sentimiento va más allá de cuatro paredes y una historia personal que permanece en la incógnita. El tiempo se ejecuta como aquello irremediable que, eventualmente, caerá sobre todos y destrozará lo construido o levantará aquello olvidado.

Soom, como dije antes: Aliento, se puede resumir en eso mismo. El intento de una mujer de dar aliento a una causa perdida (su matrimonio o un condenado a muerte, depende de donde se elija mirarlo), pero ese aliento no es el aliento de hinchada, es el aliento que sale de la boca y calienta por un momento. El aliento que recuerda lo que es el calor y el contacto, la necesidad de esas sensaciones.

Kim Ki Duk brinda con su mirada una nueva perspectiva sobre la vida de un matrimonio golpeado, sobre la necesidad de atención y la constancia como elemento que alterna entre el presente, el pasado y el futuro. Cada episodio temporal será un puente entre el amor y la muerte.

Nota editada en la revista Megafón nº 3, de mayo de 2008

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Persépolis: El crecimiento enredado en la política

La obra de Marjane Satrapi publicada entre el 2000-2003, en este trabajo (ya sea que estemos leyendo el comic o mirando la película) es increible la fusión de una historia social y política de una nación y el crecimiento de una niña que no es otra más que la autora.

A los ojos de largas filas de generaciones se ha pasado la influencia de la política en la vida, se han cayado comentarios e ideologías con el único fin de no disctutir (dejando de lado la opresión y el fascismo). Cada vez que se habla de política internacional terminamos viendo los mismo tópicos: Guerra Mundial (primera o segunda), Guerra en Irak, la Guerra del Golfo o Pearl Harbor. Serán los estandares estadounidenses los que nos impongan las temáticas históricas que traten las películas de grandes estudios o las historietas de mayor alcance y nos dejen el rincón alternativo a las luchas que ellos ven como insignificantes cuando en realidad son las que dañan su ideal perfecto trazado bajo la línea de “el sueño americano” (que no incluye a toda amércia, por supuesto).

Marjane Satrapi desafió aquel standard imponiendo una historia particular, tan suya como del pueblo entero de Iran y eso nos deja a nosotros el fiel reflejo del crecimiento de un alma en plena revolución social. Aquí, en Argentina, podemos hablar durante días sobre aquellos que crecieron en épocas de conflicto social, pero la realidad es que nuestro país no pudo superar las diferencias ideologicas y desarmó, mató y desapareció familias enteras donde encontraríamos este tipo de debate ideológico. En América esta historia se repite.

La magia en la obra de Satrapi pasa por la capacidad de ver a una niña buscar soluciones que no distan de las adultas, en buscar las respuestas adecuadas a cada momento de su vida (porque la niña crece, obviamente)  envuelta en una red social de complejo movimiento. El crecimiento intelectual acompañado de las ideologías de preponderancia politico social suele dar como resultado a aquellos sujetos que en el mañana luchan y concientizan de que las realidades sociales tienen alternativas: un docente, un escritor, un padre, un compañero, etc. Todos aquellos que tienen sus edades atrapadas en la política mañana lucharan por la igualdad y el sentimiento de todo lo que los formó como personas, serán los que hoy nos den las llaves para intentar.

Hoy tenemos a Marjane Satrapi tratando de concientizar que no todo es como parece cuando ponemos CNN y vemos imágenes de Guerras prefabricadas y presidentes electos en elecciones que no eligen. Una historieta publicada en gran cantidad de idiomas (la versión en español es de Norma) y una película de fácil alcance en distintos lugares. Mi recomendación es ver las dos cosas, comparar y analizar que es lo que a uno le queda de una lucha propuesta desde la infancia.